España desperdició 1.129,91 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas durante 2025. Es el último dato oficial disponible sobre desperdicio alimentario en España, publicado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) en septiembre de 2026.
La cifra supone un ligero aumento del 0,4 % respecto a 2024, pero adquiere otra dimensión cuando ampliamos el periodo de análisis: España desperdicia actualmente un 19,2 % menos que en 2020. En cinco años se han evitado 269,18 millones de kilos o litros de desperdicio alimentario, una cantidad que el Ministerio equipara aproximadamente a 27.000 camiones de diez toneladas.
Los datos confirman, por tanto, una tendencia positiva a medio plazo, aunque también muestran la dimensión del reto que todavía tenemos por delante.
¿Cuánta comida se desperdicia en España?
Los últimos datos oficiales sitúan el desperdicio alimentario en 1.129,91 millones de kilos o litros anuales.
Por habitante, esto equivale a 24,3 kilos o litros desperdiciados durante 2025, ligeramente por debajo de la cifra registrada el año anterior.
La evolución desde 2020 es especialmente significativa. En ese periodo, el desperdicio alimentario se ha reducido un 19,2 %, evitando que 269,18 millones de kilos o litros adicionales terminen desperdiciándose.
Sin embargo, 2025 introduce un pequeño cambio respecto a la tendencia inmediatamente anterior. Después de que en 2024 el desperdicio descendiera hasta los 1.125,23 millones de kilos o litros, en 2025 vuelve a crecer ligeramente, un 0,4 %.
No parece suficiente para hablar de un cambio de tendencia, pero sí sirve para recordar que reducir el desperdicio alimentario exige mantener el esfuerzo en el tiempo.
El 97,5 % del desperdicio medido se produce en los hogares
Uno de los datos más contundentes del informe es dónde se concentra el desperdicio.
En 2025, los hogares generaron 1.101,8 millones de kilos o litros, el 97,5 % del desperdicio total medido. Aunque el desperdicio doméstico también se ha reducido un 19,2 % desde 2020, sigue siendo con diferencia el principal ámbito de actuación.
Entre los alimentos sin utilizar destacan especialmente las frutas, verduras y hortalizas frescas. A ellos se suman recetas y elaboraciones preparadas que finalmente no llegan a consumirse.
Esto introduce una cuestión importante en el debate sobre el desperdicio alimentario. No todo el problema puede resolverse actuando sobre la industria o la distribución.
La planificación de las compras, el cálculo de las cantidades, la conservación de los alimentos y la comprensión de conceptos como la diferencia entre fecha de caducidad y fecha de consumo preferente continúan siendo fundamentales.
¿Y cuánto desperdiciamos fuera de casa?
El desperdicio fuera del hogar tiene un peso considerablemente menor.
En 2025 alcanzó los 28,12 millones de kilos o litros, aproximadamente el 2,5 % del total contabilizado en España.
También aquí la evolución es positiva: el desperdicio fuera del hogar se ha reducido un 20,4 % desde 2020. Además, el porcentaje de personas que reconoce desperdiciar alimentos cuando consume fuera de casa ha descendido hasta el 41,5 %, el nivel más bajo de los últimos cuatro años.
Los datos muestran diferencias generacionales. Las personas de entre 25 y 34 años presentan la mayor tasa de desperdicio de alimentos fuera del hogar, mientras que entre los menores de 25 años destaca especialmente el desperdicio de bebidas. Los mayores de 50 años presentan, según el informe, los comportamientos con menor desperdicio.
España desperdicia menos, pero el siguiente reto está en aprovechar mejor
Reducir el desperdicio es la primera parte del problema. La segunda consiste en decidir qué hacemos con aquellos alimentos que, inevitablemente, salen del circuito comercial.
Y aquí conviene diferenciar dos conceptos que a menudo se utilizan como si fueran equivalentes: desperdicio y excedente alimentario no son exactamente lo mismo.
Un alimento que una empresa ya no puede comercializar no tiene por qué convertirse automáticamente en desperdicio. Si sigue siendo apto para consumo, puede existir margen para redistribuirlo, donarlo o encontrar otras vías de aprovechamiento.
Esta distinción cobra especial importancia con la Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, plenamente aplicable desde abril de 2026. El propio Ministerio destaca la norma como una de las palancas para impulsar la prevención y el aprovechamiento de alimentos, incluyendo iniciativas de donación, transformación y generación de valor social y ambiental.
Por eso, los próximos avances probablemente no dependerán únicamente de conseguir que consumidores y empresas tiren menos. También será necesario mejorar nuestra capacidad para detectar los excedentes antes de que se conviertan en desperdicio.
Tecnología, trazabilidad y redistribución: el reto empresarial
Para las empresas de la cadena alimentaria, esta evolución introduce un desafío diferente al de los hogares.
Cuando existe un volumen importante de producto, gestionar los excedentes requiere saber qué alimentos están disponibles, dónde se encuentran, durante cuánto tiempo pueden aprovecharse y qué destino puede darse a cada uno.
La digitalización y la trazabilidad permiten anticipar estas decisiones y conectar mejor a productores, industria, distribución y entidades sociales.
En Naria trabajamos precisamente en este punto: convertir la gestión del excedente en un proceso trazable y estructurado, facilitando su aprovechamiento y redistribución antes de que termine convirtiéndose en desperdicio.
Porque el mejor dato de desperdicio alimentario no será únicamente que España consiga reducir el número de kilos que tira cada año.
Será también conseguir aprovechar mejor aquellos alimentos que ya hemos producido.
Fuentes y actualización
Última actualización: septiembre de 2026.
Los datos utilizados en este artículo proceden del Informe del Desperdicio Alimentario en España 2025, presentado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación el 10 de septiembre de 2026.
Naria actualizará este contenido cuando se publiquen nuevos datos oficiales sobre el desperdicio alimentario en España.