Durante años, muchas empresas han tratado el excedente alimentario como un problema logístico que había que resolver cuanto antes. Producto que ya no se puede vender, producto que sale del circuito comercial. Sin embargo, esa lógica se está quedando atrás.
Hoy, la donación de alimentos ocupa un lugar distinto. Ya no se entiende solo como una acción solidaria o reputacional, sino como una alternativa cada vez más sensata desde el punto de vista operativo, normativo y fiscal. Cuando un producto sigue siendo apto para el consumo, destruirlo deja de parecer la única salida. En muchos casos, ni siquiera la más razonable.
El excedente ya no se interpreta igual
Lo que antes se veía como una pérdida inevitable empieza a analizarse de otra manera. Muchas compañías se están dando cuenta de que parte de su excedente no es simplemente un residuo, sino un recurso mal canalizado. Ese cambio de mirada es importante, porque modifica la decisión de origen.
Donar alimentos permite generar impacto social, pero también ordenar mejor la gestión interna del stock, reducir ineficiencias y aprovechar el marco fiscal existente. En otras palabras, convierte una incidencia operativa en una decisión más inteligente.
Qué incentivo fiscal existe para las empresas
En España, las donaciones en especie realizadas a entidades acogidas al régimen fiscal de la Ley 49/2002 pueden dar lugar a deducciones en el Impuesto de Sociedades. El material que has compartido recoge que la deducción puede alcanzar el 40 % del valor contable donado en una donación puntual y el 50 % si la donación se mantiene durante tres años seguidos a la misma entidad, con un límite máximo deducible del 15 % de la base imponible.
Esto cambia mucho la conversación. La donación deja de ser únicamente una renuncia económica y pasa a ser una vía que también puede tener sentido financiero, especialmente para empresas con volumen recurrente de excedente.
El IVA ha dejado de ser una barrera como antes
Otro punto relevante es el tratamiento del IVA. Según la ficha, las donaciones de alimentos están exentas de IVA, con tipo 0 %, desde la entrada en vigor de la Ley 7/2022, siempre que se cumplan los requisitos legales.
Este aspecto es especialmente importante porque durante mucho tiempo la fiscalidad indirecta fue uno de los factores que más enfriaban la decisión de donar. Que esa barrera se haya reducido modifica de forma notable el marco de decisión para muchas compañías.
No se trata de donar cualquier producto
La donación no convierte automáticamente cualquier excedente en donable. El criterio clave sigue siendo la aptitud para el consumo. El documento señala que pueden donarse alimentos seguros, productos con fecha de caducidad próxima o con embalaje dañado, así como productos que ya no pueden venderse pero siguen siendo aptos para consumo humano.
Este matiz importa mucho. No estamos hablando de deshacerse de producto inviable, sino de dar salida correcta a producto que todavía conserva valor social y alimentario.
La regulación empuja en esa misma dirección
Además del incentivo económico, el entorno legal avanza hacia una prioridad más clara por la donación frente a la destrucción. La ficha indica que ya está en vigor la Ley 1/2025, que obliga a priorizar la donación. Eso confirma una tendencia de fondo: la gestión del excedente ya no se puede plantear solo en términos de conveniencia interna, sino también de adecuación al nuevo marco regulatorio.
Para muchas empresas, esto implica revisar procedimientos que hasta ahora se daban por normales. Lo que antes era una práctica asumida puede empezar a resultar menos defendible, tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista normativo.
Donar bien exige orden
Ahora bien, donar no consiste simplemente en mover producto de un punto a otro. Para que la empresa pueda aplicar la deducción, la operación debe cumplir determinadas condiciones. La ficha menciona la necesidad de donar a una entidad sin ánimo de lucro acogida a la Ley 49/2002, solicitar el certificado de donación, registrar contablemente la operación con el valor contable de los productos y aplicar la deducción en la declaración del Impuesto de Sociedades. También recuerda que deben cumplirse las normas generales de seguridad e higiene alimentarias, en particular las relativas a seguridad, trazabilidad y responsabilidad en la cadena alimentaria.
La conclusión aquí no es que el proceso sea inviable, sino que debe estar bien estructurado. Cuando la empresa cuenta con un sistema claro, la donación deja de percibirse como una excepción compleja y pasa a integrarse con mayor naturalidad en la operativa.
Más allá del argumento fiscal
Sería un error reducir la donación únicamente a una ventaja tributaria. El componente fiscal es importante, sí, pero no agota el valor de esta decisión. Las compañías que abordan bien la gestión del excedente suelen obtener también mejoras en trazabilidad, en coherencia con sus políticas ESG y en la forma en que conectan su actividad con el entorno social.
Además, hay una cuestión cada vez más relevante: destruir producto apto para consumo es más difícil de justificar, internamente y de cara a terceros, cuando existe una alternativa viable. Por eso, la donación no debe leerse solo como una oportunidad de ahorro, sino como una decisión empresarial más madura.
Por qué muchas empresas todavía no han dado el paso
A pesar de todo esto, todavía hay muchas organizaciones que no han incorporado la donación de forma estable. El problema rara vez es ideológico. Normalmente tiene que ver con la falta de estructura, con dudas sobre el encaje fiscal o con la sensación de que el proceso será más complejo de lo que realmente es.
Cuando no existe un sistema, cualquier operación adicional parece una carga. Por eso, el punto clave no es solo conocer la ventaja, sino poder integrarla de forma segura y ordenada en la gestión habitual del excedente.
Una decisión que combina impacto, cumplimiento y eficiencia
El contexto actual invita a replantear la forma en que las empresas gestionan productos que ya no pueden comercializar, pero siguen siendo aptos para el consumo. La donación, cuando se articula bien, permite responder a varias exigencias a la vez: generar impacto social, ajustarse mejor al marco legal y aprovechar incentivos fiscales reales.
No es una solución cosmética ni una acción marginal. Es una decisión que cada vez tiene más sentido desde la operación y desde la estrategia.
¿Tu empresa gestiona excedente alimentario?
Si queréis revisar cómo enfocar la gestión del excedente de una forma más eficiente y alineada con el contexto actual, podemos ayudaros a estructurar ese proceso con criterio y seguridad.