El 62,2% de las empresas sociales mide su impacto, de acuerdo con el último European Social Enterprise Monitor que ha consultado a 1.807 empresas sociales de 30 países europeos con el objetivo de ayudar a mejorar el apoyo institucional a este tipo de compañías. Sin embargo, de este porcentaje, el 70,1% reconoce encontrar múltiples dificultades en el proceso de medición y, además, solo el 18,8% considera que aplica prácticas efectivas en medición y gestión de impacto y cuenta con un alto nivel de conocimiento interno.
Centrando las cifras en España, según el Spanish Social Enterprise Monitor, que es el desglose español del European Social Enterprise Monitor, el porcentaje de empresas sociales que miden su impacto alcanza el 74%, haciéndolo la mayoría de compañías una vez al año. En coherencia con los resultados obtenidos a nivel europeo, las empresas sociales españolas afirman medir su impacto principalmente para comprender si están cumpliendo con su misión (80%) y para comunicar sus logros y reforzar su transparencia (79%).
Ahora bien, solo un 20,8% de las empresas sociales españolas considera que aplica prácticas eficaces en materia de gestión y medición del impacto. A ello se suma que el 65% registra dificultades para medir el impacto, que el 47% dice tener falta de recursos financieros para poder recopilar los datos y que el 40% dice que le falta personal formado para poder realizar esta medición del impacto.
El reto tras las dificultades en la medición del impacto
Estas cifras reflejan un reto especialmente relevante si tenemos en cuenta que las empresas sociales trabajan, en gran medida, con colectivos específicos como beneficiarios y, además, mantienen compromisos tangibles con la sostenibilidad. Ante esto, surge una cuestión clave: ¿cómo saber si realmente se están alcanzando los resultados deseados si el impacto no se mide correctamente?
Estas entidades, además de generar valor económico, aportan un importante valor social, siendo este precisamente uno de sus principales elementos diferenciales. Por ello, resulta fundamental facilitar herramientas y recursos que permitan a las empresas sociales medir su impacto de forma rigurosa, no solo para evaluar si están avanzando en la dirección adecuada, sino también para identificar oportunidades de mejora, optimizar recursos y amplificar el impacto social y medioambiental que generan.
La tecnología como motor clave en la medición del impacto
En todo este proceso, la tecnología y la digitalización se han convertido en aliados estratégicos. Automatizar la recopilación de datos, mejorar la trazabilidad de las acciones realizadas y transformar la información en indicadores útiles permite a las organizaciones tomar decisiones más eficientes, ágiles y basadas en evidencia, de forma que pueden maximizar su valor social y medioambiental.
Precisamente por ello, el reto para los próximos años no pasa únicamente por que más empresas sociales midan su impacto, sino por garantizar que puedan hacerlo de forma efectiva, sostenible y apoyándose en herramientas adecuadas. En este sentido, la innovación tecnológica tendrá un papel decisivo para fortalecer el ecosistema de empresas sociales y profesionalizar la gestión del impacto.